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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica"

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¡Vayamos, Mamá! 



La insistencia de un niño cambia la vida de su madre. 



I 



DATOS DE ínteres 

(•^ Kazajstán se encuentra en 
el centro de Asia, al sur de 
Rusia. 

(•^ El país es seco, con poca 
lluvia; dos tercios del territo- 
rio es desértico. Los veranos 
son calientes y los inviernos 
muy fríos, con temperaturas 
bajo cero. Durante el invier- 
no, la mayor parte del país 
está cubierto de nieve. 

(•^ Hay más de 1 5 millones 
de habitantes, de los cuales 
la mayoría son mahometa- 
nos. Y sólo unos pocos cien- 
tos de personas son adven- 
tistas. 

(•^ La mayor parte de los 
aldeanos viven en pequeñas 
casas de ladrillos, con elec- 
tricidad, pero sin agua. La 
mayor parte de los que habi- 
tan en la ciudad, viven en 
departamentos que fueron 
construidos en la época del 
comunismo. 



La historia de hoy viene de un país llamado 
Kazajstán. [Localice Kazajstán en el mapa.] 

El pastor Alexander se encontraba cerca de la 
puerta de la sala de juntas para saludar a todos los 
que habían asistido esa tarde a las conferencias 
evangelísticas. Una mujer y su hijo se le acerca- 
ron. Mientras el pastor le daba la mano a la seño- 
ra, ella comentó algo muy extraño. 

— Yo no creo en Dios. Vine porque mi hijo, 
Sergey, me rogó que lo trajera. 

Habiendo dicho eso, la mujer se fue. 

La noche siguiente, el pastor recorrió todo el 
auditorio con la mirada y descubrió que la seño- 
ra y su hijo se encontraban sentados atrás. Les 
sonrió, esperando que lo vieran. Después del ser- 
món, los buscó para agradecerles por haber regre- 
sado esa noche. 

Sergey y su madre regresaron todas las noches. 
El pastor Alexander observó que la mamá de 
Sergey escribía en una libreta mientras él predica- 
ba. ¿Escribía cartas para amigos, o simplemente 
dibujaba algo para no prestar atención? Después 
del servicio vio la libreta en la que escribía y notó 
que ella tomaba apuntes de sus predicaciones. 
Una vez más le sonrió y les dio las gracias por 
haber venido. 



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Lq invitación 

Una tarde, el pastor le preguntó a 
Sergey cuál era la razón por haber que- 
rido asistir a las conferencias. 

— Un día, mientras caminábamos, 
vimos a una señora y su hijo parados 
en una esquina y el niño me extendió 
una invitación, le explicó Sergey. Las 
conferencias me interesaron y le pedí a 
mi mamá que me trajera. Mi mamá, al 
leer la invitación, dijo que se trataba de 
religión, y que ella no quería saber 
nada de eso porque no creía en Dios. 

«¡Me gustó mucho la conferencia esa 
noche! Los cantos me hicieron muy 
feliz y las fotos que enseñó eran tan 
interesantes. Le rogué a mi mamá que 
me volviera a traer la noche siguiente, 
y desde entonces hemos venido todas 
las tardes.» Sergey miró a su madre y 
sonrió, y el pastor Alexander pensó 
también haber notado una pequeña 
señal de una sonrisa en el rostro de la 
mamá de Sergey. 

Las oraciones conmueven los corazones 

La siguiente tarde, el pastor Alexan- 
der les contó a los hermanos de la igle- 
sia acerca de Sergey y su madre y la 
invitación del niño parado en la esqui- 
na. Los miembros de la iglesia se pusie- 
ron de acuerdo para orar por la mamá 
de Sergey, y pedirle a Dios que le mos- 
trara que él es un ser real y que también 
la ama. 

Noche tras noche, Sergey y su mamá 
volvían a las reuniones, y el pastor veía 
que cada vez la señora tomaba apuntes. 
Una noche, Alexander invitó a ponerse 
de pie a todos los que quisieran entre- 
gar sus vidas a Cristo. Esa noche, mu- 



chas personas que quisieron aceptar al 
Señor como su Salvador, se pusieron de 
pie. ¡Entre los que se levantaron, se 
encontraban Sergey y su madre! Qué 
alegría le dio al pastor Alexander, ver 
que los dos habían aceptado entregar 
sus vidas a Cristo. 

Los nuevos creyentes estudiaron la 
Biblia, con los demás miembros de la 
iglesia, por algunas semanas. Cuando 
llegó la hora de los primeros bautis- 
mos, la mamá de Sergey estaba lista. 
Todos fueron bautizados en un gran 
río. 

Después del bautismo, Alexander 
encontró a Sergey y le dijo: 

— Gracias por haber traído a tu 
mamá a las conferencias. Es por ti que 
ella ha comenzado una nueva vida en 
Jesús. Pronto tendrás la edad suficiente 
para ser bautizado, pero ya has sido un 
misionero de Dios con haber traído a 
tu madre para aprender a conocerlo. 

Una gran sonrisa se dibujó en la cara 
de Sergey al decir: 

— ^De verdad? ¡Me gusta mucho ser 
misionero! 

Niños y niñas. Dios quiere que 
todos seamos misioneros. Podemos in- 
vitar a nuestros tíos y tías, primos, y 
vecinos para aprender de Dios. Pode- 
mos invitarlos a eventos especiales en la 
iglesia, e incluso en nuestras casas. Po- 
demos orar por ellos y decirles que 
Jesús los ama. Y si obedecemos alegre- 
mente a nuestros padres y maestros, los 
demás se darán cuenta de que nuestras 
vidas son diferentes, y querrán saber 
por qué somos tan felices. Y les podre- 
mos decir: «¡Es Jesús quien produce la 
diferencia en mí!» 



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